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martes, 13 de septiembre de 2011

Crónicas Bálticas (3): Bajo el "Síndrome de Estocolmo"


Hace unos días hicimos una escapada a Estocolmo, la famosa capital de los suecos (y de las suecas), y la verdad es que he vuelto con el síndrome homónimo. Y es que ya nada más bajarte del avión te das cuenta de que estás en un país "de primera": una terminal de aeropuerto funcional, con lo necesario y nada más, es decir, economizando recursos (no como las fastuosas e hipertrofiadas terminales de Barajas y de El Prat), pero eso sí, con un tren muy cómodo y rápido (a 210 km/h y decorado al estilo "Ikea") llamado "Arlanda Express" que te deja en el centro de Estocolmo en 20 minutos clavados (y el aeropuerto de Arlanda está a más de 50 kilómetros) y con una salida directa a la calle sin tener que pasar por el vestíbulo central de la estación... Vamos, que ya te vas dando cuenta que estos suecos son como los muebles de Ikea, económicos y prácticos en todo. Eso sí, el tren en cuestión vale unos 28 euros al cambio -los suecos no tienen euros, siguen son sus coronas, 1 euro equivale a unas 9 coronas- (aunque compensa porque el taxi vale el doble y tarda más, y el autobús vale menos pero tarda más aún).

[Así que ya desde el principio empiezas a ver la otra cara de la moneda en Suecia: un país de primera pero donde está todo carísimo, muchas cosas al doble de precio que en España. Preparad la cartera porque es una ciudad cara, pero bueno, ya se sabe que la calidad tiene un precio...]

La ciudad en sí es una gozada, pues está edificada en varias islas, con lo cual tienes el mar siempre a mano, y con aguas tan limpias que la gente se bañaba tranquilamente (de lo fría que estuviese ya no digo nada), y también vimos pescar un salmón en pleno centro de la ciudad.

Y la arquitectura es una curiosa mezcla entre zonas clásicas-históricas y zonas más modernas y funcionales, pero en una curiosa armonía que se puede resumir en la vista desde una terraza de Gamla Stam (la isla donde está el centro histórico de la ciudad):



La vista es la del barrio Södermalm, una mezcla de edificios clásicos y modernos con luces de neón, etc. con los trenes y el metro pasando por los puentes constantemente (os resultará familiar a los que hayais leido los libros de Millenium o visto las películas basadas en los mismos, pues varios protagonistas vivían en este barrio).


Y estando en un archipiélago es una ciudad muy bonita y diferente de otras, con una luz muy especial, y con una estructura singular: tiene la isla-parque, la isla de los museos, la isla-casco antiguo, la isla-parlamento, la isla-albergue..., de hecho uno de los albergues juveniles de la ciudad es un velero atracado en una isla cerca del centro histórico y de la isla de los museos, el "STF Hostel Af Chapman", realmente original y curioso, muy recomendable porque no es caro y está realmente céntrico.


Y también hay una isla llena de barcos usados como casas permanentes, curiosísimo, me gustó mucho. En general ves muchísimos barcos de todo tipo por toda la ciudad, lo cual es otra cosa que la hace diferente.


Una forma curiosa de ver la ciudad es coger un barco panorámico (cosa que hicimos, hay que "turistear" un poco). Pero a pesar de tanta isla la verdad es que se puede recorrer a pie casi todo el centro de la ciudad, porque tampoco es demasiado extensa, así que del transporte público no os puedo contar demasiado porque no lo utilizamos en todo el fin de semana (salvo el tren del aeropuerto que os comenté antes), pero sí vimos que todos los autobuses eran de "bio-gas", que había estaciones de metro por todas partes, y que también había "ferries" urbanos entre algunas islas. Nos dijeron que era muy eficaz, pero eso si, muy caro (el billete de un viaje vale unos 4 euros al cambio).

Pero además de pasear la ciudad la recirrimos en bici: alquilamos una bici para recorrer la ciudad (además nos hizo un tiempo muy bueno). El Ayuntamiento de Estocolmo tiene un servicio de alquiler de bicis, "Stockholm City Bike", muy parecido al del Bicing de Barcelona (de hecho lo gestiona la misma empresa, con lo que las bicis son idénticas solo que en vez de rojas son negras), aunque está pensado también para el turista y tienen una tarjeta de 3 días por unos unos 18 Euros, muy razonable.

Por poner un pero, el servicio finaliza a las 10 de la noche (aunque puedes devolverla hasta la una), y el sistema de pedales bloqueados es un poco incómodo (hay que quejarse de algo, que se note que somos españoles, ja, ja).

Museos hay muchos y muy variados, nosotros escogimos el Museo Vasa, que contiene un galeón auténtico del Siglo XVII que reflotaron en los años 60 y restauraron a conciencia (menuda inversión en dinero y en medios,es para alucinar), probablemente es el único lugar del mundo en el que se puede ver un galeón auténtico, no reconstrucciones. Dicen que se conservó durante 3 siglos gracias a que el mar Báltico casi no tiene sal, ni tampoco moluscos, y durante muchos años la bahía de Estocolmo tampoco tenía oxígeno en sus aguas por la elevada contaminación (antes la ciudad tiraba las basuras al mar), con lo cual la madera no se pudrió ni se desintegró:


Nos alojamos en el "Nordic Sea Hotel", justo al lado de la estación central de trenes, a un paso del centro, y famoso en la ciudad porque dentro del mismo está el "Ice Bar", un "refrescante bar de copas... donde por supuesto entramos -con el reglamentario poncho térmico- y nos tomamos un pelotazo en sus vasos cuadrados de hielo.



Un poco carete (unos 18 euros al cambio), pero es una experiencia bastante diferente, nos dijeron que en Estocolmo era de lo más "cool" (¿o a lo mejor querían decir "cold"?). De la vida nocturna de Estocolmo es lo único que vimos, no nos dió tiempo a más. Bueno, sí que fuimos un día al barrio Södermalm, que nos dijeron que era el barrio "de salir" en Estocolmo, con ambiente moderno, bohemio... y sí nos tomamos un par de cervezas pero por la tarde (a 6-7 euros la pinta de cerveza).

De la comida no hay mucho que decir, en este tema los suecos no pueden dar muchas lecciones, y de hecho se ponen morados de comida rápida... Pero bueno, sí que probamos la títpica comida sueca: las albóndigas, el salmón, las patatas, los arenques... Aunque también lo podeis comprar en las tiendas suecas del Ikea.

Otro detalle práctico: unas máquinas limpiadoras de zapatos que vimos en los pasillos del hotel, en la estación de tren y en el aeropuerto, realmente curiosas... y eficaces, te dejaban los zapatos impecables en 2 minutos:





En fin, la ciudad me ha encantado y me quedé con las ganas de ver más cosas y de visitar también algun pueblo de los alrededores, el norte del país y sus enormes bosques, Gotemburgo, Uppsala, la ciudad universitaria de Suecia, etc... Pero bueno, hay que dejar cosas para futuros viajes... Desde luego que es un país para repetir, y en el que se respira calidad de vida en todos los sentidos.

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lunes, 15 de noviembre de 2010

La curiosa leyenda de Villa Winter

Acabo de volver de unas merecidas vacaciones (las vacaciones siempre son merecidas) en Fuerteventura, y aparte de disfrutar de sus impresionantes playas y dunas de arena fina y de sus aguas transparentes (las mejores playas que conozco, aunque aún me quedan muchas por conocer), quería contaros una historia curiosa, que ya conocía por Internet y después también por una novela, sobre una casa sita en el probablemente único paraje de la isla mal comunicado y casi sin explotar turísticamente, la playa y poblado de Cofete, en la península de Jandía, al sur de la isla:



Se llega por una pista estrecha, empinada y sin asfaltar, lo cual aleja al turismo de masas, y su playa, enorme y muy bonita, está sin embargo en la costa oeste, "a barlovento" que dicen los entendidos en temas marineros, por lo que casi siempre tiene bastante viento y sobre todo un oleaje muy fuerte que hace peligroso el baño, lo cual aleja aún más a los posibles bañistas... Todo lo cual ha hecho posible que no haya hoteles ni nada parecido, y ante la falta de intereses económicos claros, que haya sido declarado parque natural. Hasta aquí todo normal o casi normal.

Pero en medio de esta inmensa playa, un poco encaramada en la montaña y dominando toda la zona con unas excelentes vistas al mar, hay un palacete de estilo alemán y algo descuidado llamado "Villa Winter":




¿Y qué pinta una mansión alemana en un paraje remoto y desértico de Fuerteventura? Pues el caso es que la historia de este edificio y de su dueño es un tanto curiosa:

- Resulta que este ingeniero alemán, Gustav Winter, que andaba por Canarias desde los años 20, arrendó en 1937 toda la península de Jandía (entonces sin turismo, y casi sin habitantes, se utilizaba sobre todo como dehesa para el pastoreo), cerró sus accesos y en los años siguientes construyó la pista de acceso al paraje, una pequeña pista de aterrizaje y la mencionada Villa Winter.

- El secretismo de sus actividades en la zona, a las que se prohibía el paso a los habitantes de la isla salvo para hacer trabajos puntuales, con el consentimiento de las autoridades de la época (el régimen de Franco), y en plena Segunda Guerra Mundial, alimentó las especulaciones y la leyendas sobre las supuestas actividades pro-nazis de Gustav Winter, en especial sobre la existencia de una base de aprovisionamiento, reparación y descanso de los submarinos alemanes de la que la Villa sería la parte visible o la tapadera.


- La verdad es que los datos son contradictorios:

1.- Por una parte la base submarina no podía estar en grutas subterráneas bajo la casa por la escasa profundidad de esas aguas y la enorme obra civil que hubiese necesitado, y buceadores que han explorado la zona no han encontrado cavernas ni túneles de esas dimensiones; aunque pudiera ser que los submarinos simplemente fondeasen en los fondos marinos arenosos cercanos y que estuviesen sumergidos de día mientras sus tripulaciones descansaban y hacían reparaciones;

2.- Por otra parte, se desconocen las razones reales de que Winter alquilase y cerrase toda la península, pues las actividades económicas posibles para rentabilizar la inversión son escasas salvo el pastoreo extensivo de cabras o una cantera de piedra (el paraje es desértico e improductivo, y la pesca tampoco parece el motivo pues en Cofete siempre hay fuerte oleaje y no se puede salir desde la playa a pescar ni hay puerto);

3.- También se dice que la mansión es muy grande, con numerosas dependencias y sótanos, algunos tapiados, y que dentro habría restos de maquinaria pesada y algunos equipos eléctricos y sistemas de señalización que podrían ser para utilizarlos desde su torre...

4.- Otras fuentes dicen que la casa no fue construida hasta 1946, después de la guerra, con lo que la leyenda se iría al garete... Aunque algún vecino de Cofete dice que participó en las obras en el año 1940, y que también se empezaron a construir algunos túneles...

La leyenda se ha ido alimentando con el tiempo, sobre todo tras la publicación en 1999 del libro “Fuerteventura” de Alberto Vázquez Figueroa. El autor, en su novela ambientada en los años de la Segunda Guerra Mundial, sitúa en la isla majorera unas instalaciones secretas alemanas que constituirían una zona de descanso y relax (en todos los sentidos) para las tripulaciones de los submarinos, y construye una trama de espionaje típica de las novelas bélicas.

Con los años Gustav Winter se fue a vivir a Tenerife, donde murió en 1971; su familia siempre ha desmentido la leyenda y en general la relación con el regimen nazi. Actualmente Villa Winter es propiedad de la sociedad LOPESAN, está algo rehabilitada y habitada, y se puede visitar parcialmente, siendo uno de los atractivos de la visita a Cofete.

Yo fui a visitar la Villa Winter, y hay que decir que la casa, algo descuidada, es muy bonita y peculiar, y que está situada en un paraje excepcional y con excelentes vistas; pero no sé si lo que más me gustó fue el contraste de ver una casa típica centroeuropea en medio de la costa desértica de Fuerteventura, o el poder imaginarme oteando el horizonte desde su torre en busca de algún submarino...

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miércoles, 15 de septiembre de 2010

Visita espiritual de un laico


El pasado domingo volvía yo en coche de mi pueblo (¡ ay, esas vacaciones que se han terminado casi antes de empezarlas !) cruzando todo el norte de España, y en una de mis decisiones irracionales decidí dejar las autovías y ahorrarme unos kilómetros viajando por carreteras secundarias. Cuando cruzaba la provincia de Burgos me percaté de que estaba a pocos kilómetros de Santo Domingo de Silos, y como tenía pendiente visitar el famoso claustro decidí acercarme.

El claustro no lo pude ver (ya es la segunda vez que me pasa, cierran a las 6 de la tarde), pero llegué justo cuando comenzaba la misa cantada en latín de sus monjes benedictinos (para los viajeros interesados, es a las 7 de la tarde, creo que todos los días), y me quedé con intención de escuchar unos minutos. Ya adelanto que uno es pelín laico y que hacía años que no asistía a una misa... Pero el caso es que me quedé los 45 minutos que duró la ceremonia, y es que la música era una delicia, y la paz que se repiraba en la enorme iglesia del monasterio le daba al momento una magia especial... Total, que ahí estaba yo, absorto con la música y las sensaciones "espirituales" de los monjes de Silos... Por cierto, aunque el monasterio es enorme, lo habitan sólo una veintena de monjes, pero me sorprendió que había varios novicios, lo que me hizo replantearme mi habitual escepticismo sobre la existencia de vocaciones religiosas en nuestra sociedad... ¿qué impulsará hoy en día a un joven urbanita a "enclaustrarse" en unas montañas perdidas de Burgos? ¿Será la fé, o quizá el deseo de tranquilidad y sosiego?

En cualquier caso, la visita es una experiencia que recomiendo al viajero, aunque no sea creyente ni demasiado "espiritual" (como es mi caso).

No obstante lo anterior, hay que decir que estos monjes se han modernizado, tienen una página web propia en la que te puedes descargar fragmentos de sus rezos cantados, ofrecen habitaciones en su hospedería... Y es que los tiempos avanzan que es una barbaridad, y esto de ser monje benedictino ya no es lo que era, ja, ja.

Luego me dí un paseo por el pueblo (el monasterio, enorme, no está a las afueras sino en pleno pueblo, de hecho la iglesia linda con la plaza), un bonito lugar algo "turistificado" pero no masificado, lleno de casas de piedra y entre montañas y bosques, y cerca de un pequeño cañón, el "Desfiladero de la Yecla"...

En definitiva, una visita muy recomendable para pasar un día (o varios) tranquilo y lejos del mundanal ruido... Aunque la visita hizo que llegase a Barcelona a las 2 y media de la madrugada... Cosas que pasan.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

De guía por el Viejo Reino


Estos días estoy de vacaciones en León, de donde provengo (aunque nací en otras tierras norteñas), y M me ha hecho una visita que tenía pendiente desde hace tiempo, visita que agradezco por varias razones: por el esfuerzo del viaje, por la grata compañía de esos días, y... tambien por permitirme estar de vacaciones 4 días, ya que el resto de mis teóricas "vacaciones" me las estoy pasando haciendo bricolaje (que no me gusta nada, nada) para mis progenitores en la casa del pueblo... En fin, cosas que pasan.

Pero esta entrada no os va a contar los pormenores del viaje por León ciudad y por parte de su provincia, ya que M lo ha hecho de una manera insuperable en su Blog "cesto de pensamientos", por lo que no cabe sino redireccionaros al mismo y no quitar ni poner ni una coma...

Bueno, sí que voy a poner una coma más, y es que además de todas las actividades que relata M en su Blog, también nos regalamos una tarde en un Spa urbano, "Balneapolis" con un masaje final de 45 minutos que nos dejó como nuevos (hay que cuidarse, amigos, y ya sabeis que "mens sana in corpore sano", "la caridad bien entendida comienza por uno mismo", "carpe diem", y demás dichos que se puedan citar al caso).

Y también visitamos el pueblo de mis padres, Valderas:
Una villa de campos venida a menos pero con una historia y un patrimonio artístico dignos de una visita del viajero, que recomiendo que incluya una ruta de vinos y tapas y una comida de su plato típico, el "Bacalao al ajo arriero", regado con un vino de sus viñedos de "Prieto Picudo" (D.O. Tierra de León):


En fin, perdonen mis lectores por esta entrada turístico-festivo-gastronómica, el lunes vuelvo a Barcelona, a la oficina y a la cruda realidad, y supongo que este Blog volverá por sus fueros (si es que tiene alguno).

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domingo, 22 de agosto de 2010

Viaje al "País de la Rubia" (la cerveza Pilsen)

Vuelvo al teclado y la pantalla después de unas semanas de inactividad "bloggera", para contaros que acabo de regresar de un viaje a Praga con un grupo de amigos de toda la vida (de esos a los que sólo ves una o dos veces al año y aprovechas para darlo todo), y he de decir que ha sido un viaje muy divertido y recomendable en casi todos los aspectos...

Antes de nada las presentaciones, aquí estamos el “Quinteto Calavera” (en realidad somos un sexteto, pero hubo una baja de última hora, con lesión muscular, como los futbolistas), comentando la jugada en una terraza praguense:



Centrándonos en los aspectos “turístico-gastronómico-culturales” del viaje, hay que comenzar por reconocer que la ciudad es muy bonita y atractiva, con mucha historia en sus calles y edificios y un aire “imperial”, pues por algo fue una de las antiguas capitales del Imperio Austro-Húngaro, y la verdad es que se nota, es una delicia pasearla.

Para muestra unos botones:

La inmensa Plaza de San Wenceslao, centro vital de la ciudad y donde se han sucedido tantos hechos históricos, especialmente en el Siglo XX, con revoluciones varias (unas sofocadas con tanques y otras más suaves, “de terciopelo” dicen):







La Plaza del Ayuntamiento Viejo, en el centro histórico y la de la típica foto turística:



El Castillo de Praga, antiguo centro de poder político y religioso del país, que vigila toda la ciudad al otro lado del río Moldava:



Y el archi-visitado y fotografiado Puente de Carlos IV, el otro gran icono de la ciudad, con muchas estatuas y siempre atestado de turistas:



Por cierto, que en una iglesia cercana al puente fuimos a un concierto de música clásica (Vivaldi, algo suave, que hay que hacer el cultureta pero lo justo), y es que en Praga tienes conciertos (sobre todo de música clásica, y de jazz también) todos los días, no sólo en auditorios y teatros sino sobre todo en las iglesias, y hay una oferta muy amplia.

También hay que decir que es una ciudad bastante segura y en la que puedes pasear a las tantas de la madrugada sin peligro alguno, aunque algunas señales (acojonantes, ciertamente) puedan indicar lo contrario:



En cuando al “comercio” y al “bebercio”, la comida es bastante buena aunque poco variada y muy contundente, basada en la carne (sobre todo de cerdo), las patatas y las coles, con lo que nos tememos que los niveles de colesterol y de triglicéridos nos habrán subido peligrosamente…:



Pero hay que comprender que cuando se tienen unas cervezas (aquí las llaman “Pivo”) tan cojonudas (en Bohemia -actual República Checa- se inventó la cerveza “Pilsen” –la cerveza rubia- y es el país en el que más litros se consumen per cápita, casí 160 litros/año, el doble que en España; de ahí que le llamen “el País de la Cerveza”) lo importante es llenar el estómago para poder beber sin problemas; un día nos dimos una panzada en plena calle, a base de salchichas y jamón asado a la leña (ambos deliciosos):



En definitiva, una ciudad histórica, con porte imperial (plazas muy grandes y mucho palacio y teatro de la época del Imperio Austro-Húngaro), y que cuarenta años de realismo socialista respetaron en gran parte en el centro de la ciudad, aunque a las afueras no tanto... En esta foto se puede ver alguna obra cumbre de la arquitectura moderna checa y el contraste con el casco histórico:



Otro capítulo curioso del viaje fue una excursión a una antigua ciudad minera llamada “Kutná Hora” (ni idea de lo que significa), mucho menos turística aunque con un casco histórico interesante, y en la que pudimos encontrar algunas estampas decadentes de la antigua etapa comunista, además de unos precios más bajos que en Praga:







Incluso encontramos hasta… ¡Un colegio de los Jesuítas! Se ve que sobrevivieron incluso a la etapa comunista, haciendo buena la cita de Balzac de que “La policía y los jesuitas tienen la virtud de no abandonar jamás ni a sus enemigos ni a sus amigos”.



También hay que señalar que el idioma es ininteligible (hasta el alemán parece fácil cuando escuchas el checo), aunque todo el mundo habla algo de inglés y algunos también chapurrean castellano; y que la ciudad y el país se han pasado con armas y bagajes al capitalismo y los precios sobre todo en Praga van subiendo (aunque todavía es un país asequible para los “ehpañoles”); de hecho nos chocó que casi toda la gente joven con la que hablamos sólo pensaban en hacer pasta, sin más, “a machete”; si les escuchase Milton Friedman lloraría de alegría…(de hecho él era de familia de húngaros, vecinos de los checos).

Como otro ejemplo curioso de la privatización de sus empresas públicas hay que señalar que la Telefónica checa ha sido comprada por Telefónica (si, si, nuestra Telefónica), lo cual como diría Sabina, queda más exótico que “un torero al otro lado del telón de acero”:



Sin embargo los viajeros de este viaje, maduritos interesantes que ya vamos para antiguos, estábamos un poco nostálgicos de la estética de la era socialista y no nos resistimos a hacernos esta foto:



Pero bueno, una vez cumplidos los mínimos culturales del viajero, la verdad es que lo que más nos gustaron fueron las otras vivencias e impresiones del viaje, lo realmente interesante, la otra Praga que fuimos descubriendo cuando salíamos de los circuitos turísticos y sobre todo cuando caía la tarde y amanecía la noche…



Había unos garitos muy bien montados y con bastante ambiente a pesar de que nosotros salimos entre semana, y no sólo en el centro sino también en los barrios, al menos en el que estuvimos nosotros alojados.

Uno de ellos al lado del hotel se llamaba “Tiki-Taki”, y a pesar de estar en un barrio cerraba a las 6 de la mañana cada noche; mirad la decoración tropical del antro, nada “centroeuropea”:



El “Tiki-Taki” fue nuestra perdición pues cada noche, cuando ya íbamos de retirada y volvíamos al hotel, al final siempre picábamos y nos tomábamos la última, por lo que todos los días llegábamos de día a dormir, con el consiguiente descojono del señor de la recepción…

Una cosa que nos llamó bastante la atención es la afición de los checos al “Jacks Daniel´s”, era la copa estrella en todos los Pubs:



Por último, en esta foto de promoción de la cerveza checa se pueden apreciar juntas las dos típicas rubias del país: la camarera, una típica eslava centroeuropea en todos los sentidos, y la pedazo de jarra de cerveza Pilsen que se está bebiendo como una cosaca:



En fin, para los 5 viajeros ha sido un viaje muy satisfactorio en todos sus aspectos, en el que además hemos compartido charlas, intimidades, vivencias, siestas, juergas, etc. Y hemos cargado las pilas.

Os lo recomiendo a todo el que quiera cambiar de aires y conocer un país diferente de la “Vieja Europa”, donde podrá sacar muchas fotos, pasear entre piedras llenas de historia, aumentar el nivel de alcohol en sangre y de colesterol y triglicéridos en vena..., y desconectar un poco de las latitudes mediterráneas…

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sábado, 10 de julio de 2010

pereza vital un sábado estival



Hoy he tenido un día perezoso; ya me he despertado con una pereza en el cuerpo que no quería ni levantarme, y además esta mañana para variar soplaba el viento por la ventana y tumbado y holgazaneando se estaba fenomenal... Al final M ha conseguido que me levantase, en parte gracias a que había preparado un desayuno cuyos olores llegaban ya hasta la habitación...

Decidimos ir a la playa, y no a las abarrotadas y sucias de Barcelona sino a la también llena de gente pero más grande y algo más limpia de Gavà-Castelldefels. Menos mal que M decide conducir ella y puedo ir medio zombie todo el viaje... Después del chapuzón y de despertarme del todo veo la cantidad de gente que estamos tumbados en la arena y a remojo en el agua, y recuerdo que esta misma tarde hay convocada una manifestación por no-se-qué-historias de no-se-qué-Estatut ya está celebrándose, y mañana hay otra manifestación, ésta futbolera, a tropecientosmil kilómetros, aunque con efectos más cercanos si gana "Ejpaña" (pitos, barullo en las calles, borracheras, petardos...). Y antes de medio-dormirme de nuevo concluyo que prefiero esta manifestación playera, más espontánea y menos manipulada, y encima con estupendas vistas al mar (y a las chicas en top-less que me rodean)...

Tras un segundo baño y ver que mi piel comienza a enrojecer, decidimos volver a casa a comer y siestear, lo cual me complace pues empiezo a estar un poco cansado de estar tumbado de manera incómoda en la toalla, del pringue de la crema solar y de la arena-peeling que tengo ya en medio cuerpo... Y ya me visualizo en el sofá después de comer... Y en el sofá estuve, pero no siesteando con alguna película de sobremesa de fondo, sino viendo una película demasiado cruda y realista que me quitó el sueño... Pero bueno, queda mucha tarde, me digo.

Y si, queda mucha tarde, pero la paso interneteando, mayormente para buscar algún viaje para las vacaciones de octubre; cosas de las ofertas de Internet: para conseguir un precio asequible apto para cardiacos necesitas planificarlo todo con meses de antelación, a mi que no me gusta planificar ni a 5 horas vista...).

Al final M me saca de nuevo de mi apatía (que haría yo sin M !!!! de momento sería más vago y apático...) y propone cenar fuera de casa, dudando entre un restaurante cubano cutrecillo y económico -que no conocemos- y un retaurante barcelonés de diseño más carete -que ya conocemos-... y como estamos en crisis y nos gustan las sorpresas, optamos por el cubano.

Ya os contaré en qué acaba este sábado perezoso, caluroso, playero, manifestoso, pre-futbolero... y gastronómico.

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miércoles, 14 de abril de 2010

Amsterdam, al fín



Hace unos días he saldado una cuenta pendiente que tenía desde hace muchos años: por fín he visitado Amsterdam, y a pesar de que con los años la tenía un poco mitificada, la verdad es que no me ha decepcionado.

Y no por lo evidente, pues me lo esperaba: su Barrio Rojo con el "mercado de la carne" en sus escaparates, sus canales y casas flotantes, sus miles de bicicletas por todas partes (a veces no entiendo cómo encuentran su bici en esos aparcamientos de miles de bicis juntas), sus peculiares casas de ladrillo estrechas y altas, su enorme Estación Central, la casa de Anna Frank, los Coffee Shops, el Museo Heineken (yo que siempre pensé que era una cerveza alemana), esas mujeres holandesas tan altas como yo... Todo eso ya lo conocía por la tele o de oidas, y en general ha respondido a las imágenes e impresiones que ya imaginaba.



Pero lo mejor ha sido el ambientillo general de sus calles: esas muchedumbres de jóvenes de todas partes por la calle a todas horas, esas calles tan llenas de todo menos de coches (otra grata sorpresa de la ciudad), esos tranvías que pasan cada poco (con su peculiar campana) y te llevan a cualquier parte en 10-15 minutos, esos olores a comidas rápidas para llevar, y esa sensación de que subido a una bici ya eres uno más. En definitiva, ese ambientillo general que te hace añorar cuando eras estudiante y pensar que cómo no hice un año de Erasmus en esta ciudad del caos organizado y del desorden dentro de un orden...

Y entonces me dí cuenta de que uno va ya para antiguo...

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