
Esto del Feisbuk (Facebook, como lo escriben los que saben) me resulta cada día más curioso. Ya os adelanto que servidor usa muy, muy poco la famosa red social que se supone que nos facilita más la comunicación y que potencia las "redes sociales" (¿qué será eso de las redes sociales?). De hecho me dí de alta después de recibir decenas de invitaciones, y como no acabo de verle el gustillo a publicar decenas de fotos, de coleccionar decenas o centenares de contactos (de "amigos", pero ¿cómo se puede ser amigo al mismo tiempo de 347 personas, de interesarse por sus 347 trabajos, sus 347 vacaciones, etc.?), de hacerme "amigo" de artistas, políticos y demás familia que seguramente jaamás se ponen al teclado a contestar ninguna entrada, y de mostrar al mundo mi agenda y mis intimidades, pues como que mi "muro" (otro término Feisbukero) resulta un poco aburrido para los iniciados.

En fin, que como podeis adivinar, no soy un fan de Feisbuk y sigo fiel a las herramientas interneteras clásicas (es curioso, Internet lleva apenas 15 años entre nosotros y ya tiene clásicos...) como el email, los blogs, los foros, los chats (aunque tampoco soy muy chateador, pero eso lo dejaremos para otra ocasión). Así, la mayor utilidad que le veo al asunto feisbukero es, aparte del de haber hecho millonario a su creador, el de cargarse -con el consentimiento del afectado- la poca intimidad que nos quedaba en la red, y facilitar la ciber-delincuencia.
Pero reconozco que en esto, como en tantas otras cosas, voy contra corriente y que el tema va a más, habiendo eclipsado a herramientas anteriores que en su día revolucionaron las redes sociales (otra vez el término): Second Life, My Space... Y que asimismo le han salido imitadores con más o menos éxito, incluso en España, con el famoso Tuenti para adolescentes (y que acaba de caer en las garras de Telefónica).
Por eso, aunque no me guste mucho ni lo use apenas, tampoco me doy de baja, porque a mi también me gusta fisgar las vidas ajenas, y si son de conocidos, más...